Conozco un planeta donde hay un señor rubicundo. Nunca olió una flor. Nunca miró una estrella. Nunca amó a nadie. Nunca hizo nada más que cuentas. Y todo el día repite (como tú): "Soy un hombre serio! Soy un hombre serio!" y eso lo infla de orgullo.
¡Pero no es un hombre, es un hongo!
¿Un qué?
¡Un hongo!
El principito estaba pálido de cólera.
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